Angustia vital es vida

“Me duele el estómago de tragar tanta mierda crepuscular, ¡ por favor cae ya!. En todos los canales lo mismo: una de zombis, alimento del gótico drácula. El hombre se tragó su ojo cuando le quedó colgando a la altura de la boca, ya me lo dijo mi tatarabuelo: ponte esparadrapos en las alas cuando te vayas a volar la tapa de los sesos y un casco para evitar manchar mucho. No sé, ¿no lo notáis en el ambiente? sales a la calle y el tufo del napal es insoportable, ¿de quién será la victoria? ¿Cuántas victimas necesita una nación para darse por vencida? , no eres una perdedora, solo te has enfrentado al rival equivocado. Se alquilan vidas, se vende fuerza, pero nadie las quiere, prefieren esperar a que les caiga la última sangre del Dragón que nunca muere. Se vendía todo tipo de oro: líquido, verde, negro… en la casa de empeños que se iba a desahuciar, pero una falimilia de golondrinas okupas en el balcón lo han impedido, ¿será eso resistencia?”

En todo esto iba pensando la última mosca que se ha tragado Cain esta tarde.

 

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La crítica fácil

La crítica fácil de Fuking Amal, sería decir que es una peli de adolescentes con todos sus líos y confusiones. Vale, es cierto, pero si me limitase a decir eso mejor dejar de ver cine con la intención de ese algo más del entretenimiento y me pongo en el youtube los mejores goles de Iván Campo. Fucking Amal es una historia de adolescentes que dentro del maremágnum que para algunos supone esa edad tienen además un secreto guardado, la autodefinición sexual. Y es que pese a que estamos hablando de la envidiada Suecia, descubrimos como fuera de las macrocifras que de esos lugares conocemos,  el día a día de pueblos cotidianos no es muy diferente del nuestro. Por un lado la chica que tiene clara su homosexualidad pero que al no poder expresarla, ya sabes padres supercomprensivos de los de “… y en definitiva los homosexuales son personas normales y corrientes como todos, pero mi niña es imposible que sea de esas…”, vive una vida contenida hacia su propio interior a punto de estallar. Por otro lado tenemos a la supergirl de insti de no tengo más moscones en mi culo porque no es más grande, que está lanzada en una carrera hacia el récord de relaciones con el sexo masculino sin saber porqué, aunque claro, el resto dirá que es una guarra y ya está, y ésta, cada vez más  insatisfecha dice… pues me pinplo una botella de vino cada vez que salgo y no pienso en el tema. Pues el encuentro de estas dos chicas y sus reacciones es algo digno de ver y ofensivo de no ser visto, muy bien contado, aunque los primeros minutos no aparentan lo que viene después, al estilo indi norteamericano pero con toques de la fría Europa del norte que a veces te recuerdan a Von Trier y pandilla. Hablando de pandilla el resto de chicos suecos que sale en la peli y que en el futuro serán la envidia de la progresía de las macrocifras europeas, quedan retratados como los mismos cabezas huecas que los garrulos de mi barrio, tal vez es en su paso por la universidad donde se produce la metamorfosis, no sé. Merece la pena verla pese a que el final es un poco edulcorado, algo que no me va mucho, en fin supongo que tiene el mensaje pedagógico de “vamos… adelante… hazlo…”.

La crítica fácil de “El séptimo continente”  sería decir, dios una peli del Haneke que tostón, que tedio, que martillazo. Lo entiendo, pero es una buena peli, aunque tal vez no tenga mucho mérito decir esto para alguien con debilidad por el creador de Caché, Funny Games, La pianista o La cinta blanca, entre otras. Unos encuadres raritos al principio donde los personajes solamente pueden ser reconocidos en su trabajo, en casa son anónimos y sin cara. Una vida alienante plagada de códigos de barras e impresos en papel continuo que envuelven la rutina del día a día, algo que lleva a la apatía y el hastío a la pareja protagonista hasta el punto de no tener nada que decirse, ni tan siquiera reproches. La peor parada al no entender la situación es la hija de ambos, de unos 10 años y que se siente la niña menos escuchada del mundo, a ver quien abre la boca en una casa donde no se oye mas que la cafetera filtrando el café y el crujir de los cereales. Bueno también algún llanto del hermano de la mujer, que no supera la muerte de mamá y algún gemido de la pareja en sus relaciones sexuales con un nivel de intensidad tan bajo que las podrían emitir en Popular TV. ¿Y cómo se sale de allí? Pues al parecer la peli se basa en hechos reales, un género con fans propios, así que no quedaba mucha alternativa, pero incluso así deja algún resquicio para la imaginación retorcida, repugnante e incluso supurante del director. Podemos ver incluso como la manera en que se lava el coche puede traducirse en una metáfora de cómo vives tu vida, lo metes en una cadena de lavado y te quedas dentro mirando al infinito hasta que sales, te sorprendes con los ruido y colores, te quedas dentro dos veces y del calor que pasas a la tercera te quedas fuera, lo puedes lavar en un sitio de los de agua a presión o puede ser que no lo laves nunca. Una buena película sobre la familia de clase media, tan media como su vida… dentro de la media.

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Rezando a Dios II

(Este texto es la continuación de la primera parte que está más abajo)

Dejaron a los Doors con los primeros acordes del riders on the storm y entraron en el baño, no echaron el pestillo ya que perfectamente sabían todos los asistentes quien esnifaba y como les gustaba hacerlo por parejas o tríos, y es que tras adquirir desde el comienzo de cualquier actividad un hábito, éste se convierte en parte imprescindible del ritual.

Marcos bajó las tapas del váter y se sentó observando a Maira, mientras ella empezaba a trabajar el áspero polvo blanco. ¿Tienes algún billete a mano para el canuto? preguntó Maira; no -contestó Marcos-; me imaginaba, ¿para qué va a llevar un gorrón dinero encima? de verdad que menudo parásito que estas hecho; Empezó a rebuscar en su bolso, sacó el monerdero y este derramó algo de dinero en monedas por el suelo. Joder ¿dónde se han metido los dos pavos que se han caido? -preguntó Maira retóricamente-; creo que han ido a parar debajo del toallero -se apresuró a contestar Marcos sin hacer un sólo amago de ir a recogerlos-.

Ante la pasividad del insurrecto que por su actitud mas bien debería estar dentro del inodoro y no encima, Maira se puso de rodillas a buscar el dinero y como no sabía dejar escapar una buena ocasión, buscaba de paso algo de complicidad en Marcos. Éste desde su privilegiada tribuna pudo ver como su corto y ceñido vestido negro de licra, no llegaba a tapar la parte más interesante de su partenaire.  El corazón se le puso a más de cien r.p.m. al ver que por un olvido premeditado, la chica que le iba a invitar a una rayas en el cuarto de baño, se había dejado las bragas en casa. O tal vez ese enorme y rasurado chumino se las había tragado nada más montarse en el coche para ir a la fiesta. Pudo observar, para perjuicio de su estado fisiológico, unos protuberantes labios externos que sin embargo no eran lo suficientemente grandes como para contener los internos, no podía ni quería disimular su excitación. Se acercó a Maira y comprobó con una suave caricia del envés de su mano su estado de ánimo.

Lejos de responder con sobresalto, ella sólo emitió un apagado gemido. Él siguió acariciando su generoso sexo y así pudo comprobar que su saliva sería innecesaria, estaba bastante claro que si algo ponia cachonda a Maira era discutir con Marcos. Se bajó los pantalones, terminó de subir el apretado vestido y empezó a acariciar el clitoris con su glande, una vez se aseguró de haberla puesto cachonda y estar bien lubricados, la penetró con suavidad. Ella respondió levantado la cabeza y arqueando hacia abajo su espalda, lo que ofrecía con mayor facilidad la penetración, miró a Marcos con cara de perverso placer. Él, lejos de poder soportar la lascivia de la chica con el cuerpo más imponente que había disfrutado jamás, la cogió del pelo y tiró hacia atrás, unos segundos más de miradas de animal poseido por la sensualidad y la eyaculación no haría esperar. El único ruido que emitían este par de animales en celo era el sonido de sus carnes sudorosas en breves pero intensos encontronazos y algún gemido escondido. Mientras, a través de los muros, Morrison deslizaba el estribillo más oportuno… vamos nena enciende mi fuego…

Sin acercamientos previos, sin caricias, ni besos, ni palabras de cariño. Todo carnal, puro sexo sin artificios, no eran necesarios, eran animales y como tales tardaron poco en dar por finalizada la salvaje escena.

Tras recuperar algo el aliento, ella se fue a asearse, le desagradaba tener algo de ese gilipollas en su ser. Él empezó a sentirse culpable y asqueado, no se tragaban pero ejercían una atracción recíproca brutal, la de dos almas gemelas. Además, a ambos se les pasó por la cabeza la perfecta idea etimológica trivalente que suponía hacer lo que habían hecho, pero les faltaba la  excusatoria parte, así que  sin ceremonias yonkis, se pusieron a la tercera parte del verbo y se metieron raya y media cada uno, ahora sí que habían hechado el polvo perfecto. Se atusaron y salieron fuera, ya sonaba people are strange, todos estaban de pie recogiendo. Cuando los vieron salir, Paul les dijo con tono de sorna:

Vosotros sois increibles, os peleáis con las palabras y os reconciliáis a tiros, vais un poco al revés del mundo. Supongo que esa condición os impedirá venir a daros una vuelta por los alrededores de la casa; cierto- parecieron decir ambos con su gesto.

Para cuando todos salieron, the end empezaba a sonar, Marcos le dió volumen y los grandes altavoces empezarón a tronar las locas frases de Morrison. El speed hacía efecto y se hecharon un par de chorros de tequila y la sensualidad se empezó a condensar de nuevo, sin pretenderlo ni advertirlo, dentro de la casa, formando gotas de sudor en la piel de ambos, un tesoro demasiado preciado como para dejarlo escapar.

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Rezando a Dios I

“Puedes enterrarte en medio del desierto más grande, sumergirte en lo más profundo del océano,escapar de un salto espacio-temporal al brazo opuesto de nuestra galaxia o ampararte en la absoluta oscuridad de la parte más interna de la cueva más impenetrable, que jamás conseguirás huir de tu conciencia”

Eran casi las cinco de la mañana, ¡qué lejos quedaba la multitudinaria cena y la casi tan multitudinaria fiesta de después!, en la que por cieto me aburrí de forma solemne. Ahora solo quedaban la casi docena de siempre, sentados en la gran mesa de la parte exterior de la casa, había un potente olor a azahar, jazmín y galán de noche, cuyo dulzón aroma se hubiese hecho casi insoportable de no ser por el fresco que hacía a esas horas de septiempre y ayudado por el olor a tabaco, alcohol y algunos restos de la cena que quedaron desperdigados de mala manera por la mesa. De fondo se podía oir la música de jazz que alguien había dejado puesta. La luz del gran salón que daba al exterior iluminaba suficientemente la escena externa.

Estaban jugando a eso de poner sobre un papel un rasgo característico del resto de las personas del juego. El mecanismo es fácil, se hacen trocitos de papel y cada jugador, porque no olvidemos que pase lo que pase esto es un juego, debe coger un número de papeles equivalente al número de jugadores sin contarse a un@ mismo, en cada papelito pones un nombre y una característica. Después se meten todos los papeles de todos los jugadores en una bolsa y se van leyendo.

En el preciso instante en que empieza esta narración, de lo que allí pasó, el juego acababa de ponerse interesante al haberse sacado ya la mitad aproximada de las papeletas, algo que hacía Natalia ya que su bondad natural permitia leerlas sin ofender a nadie. Durante la primera mitad del juego ya se habian provocado algunas risas, alguna sorpresa, algún sonrojo y como no alguna discusión, pero ninguna como la que se iba a producir en este momento…

…Maira es-decía Natalia- un circulo en blanco; ¿Quéeeee? dijeron al unísono.

Maira cogió el papelito a Natalia y pudo ver como bajo su nombre alguién había dibujado un círculo, Maira puso cara de mosqueo, miró a Marcos y dijo:

¿Has sido tú capullo?; ¡vaya que suspicaz!-dijo Marcos- a ver pásame el papelito- y puso dentro del círculo la palabra “listilla”; tú eres gilipollas ¿verdad? gritó Maira; déjame en paz, no me hables, no me mires, no me señales, no hables de mí. Pon a trabajar las neuronas que tengas y en un gesto de abstracción del que no sé si eres capaz, haz como si no existiese-respondió Marcos; ¡piérdete! añadió Maira; ¿por qué?; ¿por qué que?;  que porqué me tengo que perder, si basta con que me ignores. Ya sabía que ese gesto era algo difícil para ti, ¿pero qué te molesta de mí para que me pierda? si no te hago ni puto caso… ¿es ese el problema?, que no te hago ni caso, que no me impresionas con tus..; de ti me molesta tu misma presencia – interrumpió Maira, que no sabía callar cuando la situación era propicia para ello, no le gustaba terminar una conversación sin tener la última palabra; vaya, entonces eres una puta nazi o una nazi puta…; ¿ me has llamado puta? volvió a interrumpir…

El resto de la gente estaba con su bebida, sus cigarros, sus porros, y su comida muy entretenid@s con la disputa que les sacó del juego, además algun@s se empezaron a dar cuenta que la discusión iba in crescendo al unísono con la música que se precipitaba poco a poco en una frenética melodía que parecía que solamente podría acabar cuando las notas se acabasen atropellando unas a otras. Marcos por su parte se sorprendió por la pregunta y no puedo evitar seguir con la discusión.

… a ver contestame una cosa, de puta nazi o nazi puta ¿te ha molestado lo de puta y no lo de nazi?. Eso debe ser porque te crees nazi y no puta, por lo que te duele la falacia, aunque todos sabemos que tu estilo de vida basado en el no pensar, desde que descubriste que existe la pubertad y te quedaste cómodamente instalada en ella, no te da ni para seguir los simples dogmas del nazismo, por lo que si hay algo que no eres es nazi. Así que la duda está en saber si intentas disimular con la ofensa tu puterío o zorrerío o si resulta que acabas de desubrir que lo eres…; ¿pero qué hablas? no me extraña que estes tan sólo, si la única persona que te entiende es tu propio ego, prefiero ser cualquiera de las dos cosas, sin ser ninguna, que un pedazo de cabrón como tú, incapaz de tener tu polla, tan retorcida como tu mente, quieta. Venga si sabemos que has follado con todas las que estamos en esta mesa. Pero si ni siquiera has sido capaz de respetar a tus colegas y has aprovechado rachas de distanciamientos entre ellos para ir a consolar a la parte femenina, siempre más afectada, y follártela a base de pura persuasión y acorralamiento. Y por supuesto para acabar saliendo corriendo, tan rápido como en tus mediocres polvos, y ahí te quedas con un cargo de conciencia más.

Vale chicos- intervino Natalia- creo que estáis en un punto de difícil retorno, así que dejadlo y a otra cosa. Anda Marcos porqué no te levantas y pones otra música, y así cambias de disco; esta bién – respondió Marcos, se adentró en la casa se puso frente al equipo enchufado al ordenador a buscar algo de música-; voy a vigilar lo que pone- dijo Maira para sorpresa de todos, aunque sabían que si algo no era Maira era rencorosa, eso nunca saldría en los papelitos y que Marcos ejercia sobre ella y sobre quien se lo propusiera un influjo atractor  de una absorción tan fuerte como un imán al metal pero a la vez tan sútil e invisible como la misma gravedad- estoy hasta la misma seta de las putas trompetitas o clarinetes o lo que sea eso- se fue diciendo mientras se adentraba en la casa con la mirada fija en Marcos; joder Maira ¿ a qué vienes? no  crees que ya has dado bastante por culo – dijo Marcos para recibirla-; vale, lo siento, no debería haber metido al resto en nuestra batallita ¿qué vas a poner?; no sé, estoy entre este de tecno tam-tam y el recopilatorio de los Doors; pues creo que está bastante claro, desempolva la momia de Morrison y mientras estos ponen caras raras me acompañas a rendirle un homenaje al cantante en el cuarto de baño; ¿ de qué va la cosa?; unas rayas de speed; speed bien, pero paso de rayas; vale te haré un caramelito para que te lo comas.

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VERGÜENZA PÚBICA

Expropiación del Estado como ente, como ese Leviatán habitado por todos fue el primer paso para despolitizarnos públicamente, se nos dice que no intervengamos, que es cosa de mayores, así no somos más que niños sin poder decir en casa más que sí papá, sí mamá. El siguiente ha sido la expropiación del espacio público, ante cualquier intento de reapropiación es respondido finalmente con violencia, obviando los pasos intermedios, que para ellos es el “… largaos de aquí..”, la excusa para la expulsión del paraiso es el entorpecimiento de la vida cotidiana, de la vida zombi de los pies del ciempiés.

Vivimos en la punta de la flecha del espacio-tiempo, avanzadilla del estaremos allá, pero el anacronismo político en el que vivimos nos hace que nos mantengamos siempre sin ni tan siquiera salir de la aljaba.

Lo público, tanto el ente como el espacio, se ha visto cada vez más invadido por lo privado. En nuestro día a día seguimos las normas y dictados de gente que trabaja para sus propios intereses, siendo hoy día más evidente con el asentamiento de la banca y ejecutivos de empresas transnacionales en las poltronas estatales y supraestatales.

En nuestra espaciedad vemos con perplejidad lo que ya no se ve. Difícil ver un paisaje urbano sin tener que adivinarlo entre vallas de publicidad de cinco metros, ya no hay horizonte exo-endoespacial, no hay esperanza, estamos anclados a sus marquesinas. Cada renovación del espacio público acentúa aún más esta premisa, ya que fuera de los jardines resulta realmente difícil encontrar un lugar para sentarte, sea un banco de diseño o en una escultura hecha para su disfrute-admiración-descanso. Encontrar un lugar a la sombra para tu alivio mientras contemplas un gran monumento, edificio o avenida es sencillamente imposible en la mayoría de las ciudades (excepciones hay como León y su catedral).

Está claro que el espacio público donde puedes realizarte ha quedado reducido al jardín, llevándonos así a nuestra más tierna infancia o no sacándonos de ella nunca. Así la cara visible del estado en forma de políticos y su interior pensante en forma de poderes fácticos se encargan de retrotraernos a ese lugar en el que se nos encerraba en una especie de colchoneta con mallas de rejilla por paredes para poder estar siempre vigilados por el familiar-tutor-cuidador de turno y entretenidos con media docena de juguetes básicos. Ese lugar que llamamos parque coincide semánticamente con nuestros parques-jardines, pero ademas de la afinidad semántica hay un claro parecido adoctrinador. Ambos son lugares confinados de recreo donde estás siempre vigilado y donde solamente puedes beber de la fuente materna o de algo autorizado por la misma.

Como desdichado contrapunto, si estás dispuesto a vaciar parte o la totalidad del contenido monetario de tu bolsillo, tienes una amplia oferta de lugares para el reposo y esparcimiento. Encontrarás sombras y no sombrillas en verano y estufas en invierno. Llegando a implantarse últimamente vaporizadores de agua (sobre todo en el sur) que junto al constante abastecimiento de bebida y comida dan la sensación de hallarte en un Edén del que sales repentinamente al darte la persona que te ha servido la cuenta.

Esas terrazas que han crecido como los champiñones tras la implantación de la ley antitabaco no es gratuita, ya que a sus dueños les sale por un  pico en forma de pago a los ayuntamientos, pero tampoco hay que olvidar que el fin de las mismas no es filantrópico sino lucrativo. En ellas no se hace nada del otro mundo que no sea comer o beber, además de charlar, fumar, observar o descansar. La idiosincrasia del asunto llega cuando a ti, mísero ciudadano, se te ocurre hacer lo mismo pero fuera de ellas, antes de que llegues a la mitad del litro de cerveza que te estás tomando un agente de la ley procederá de forma amable, siempre que le sigas la corriente al pie de la letra, a identificarte y disuadirte de lo que estás haciendo, cuando no te caiga una buena multa, y todo esto a escasos metros de esas terrazas donde no hacen otra cosa distinta a la tuya. La excusa es que lo vas a dejar todo perdido, cuando si tienes una papelera cerca lo más natural es que acabe en ella y si no lo puede limpiar la misma máquina que se encarga de limpiar el espacio que han ocupado las terrazas, algunas zonas quedan que parecen el lunes de un festival, una vez recogidas la mismas. Queda así claro que los espacios públicos usados para refrescar el gaznate o para amenizar un encuentro o conversación con algo de alcohol, solamente pueden ser usados por quienes estén dispuest@s a gastarse su dinero en una terraza o multa.

Imagino que esto no está en consonancia con el párrafo de la constitución que diga que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos y libertades -en los espacios públicos-, creo que la van a volver a cambiar para añadir que esos derechos y libertades van en relación directa proporcional con el dinero que tengas en buena disposición gastarte.

Así va desde esta modesta tribuna mi apoyo al movimiento del 15 de Mayo por el intento de reapropiación de lo público político-espacial. Solo añadir que quienes se quejaron del entorpecimiento para sus negocios de dicho movimiento que revisen bien las cuentas de sus libros mayores y analicen quien les ha hecho perder más dinero, si una ocupación pública temporal de un movimiento en pos de los derechos de todos o una crisis que dura años y que no hemos provocado los miles de millones de ciudadanos desposeidos, sino aquellos que se encargan de enriquecerse a costa de dejar tras de sí panoramas realmente aPOcaLIpTICOS.

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SOMOS UN REFLEJO, UNA ILUSIÓN.

 

Fulano de tal, mengana de cual, personas o seres humanos, primates, mamíferos, vertebrados, seres vivos o la caótica organización de millones de átomos que viven entre miles de millones de átomos, que se encuentran rodeados por miles de billones de átomos. Tendiendo así a estar todo y todos en permanente conexión y contacto con el infinito (si es que existe).

 ¿Qué somos? ¿Qué nos da identidad? ¿Será nuestro famoso yo? ¿Existe la neurona o grupo de neuronas yo? Conozco aquello que vi en una peli de Roman Polanski y que le decía él mismo –como protagonista- a alguien en un café: “… si a una persona le quitas una pierna y se la dejas en un tarro de formol dirá que él es él y su pierna. Si lo haces con un brazo dirá que es él y su brazo. Si lo haces con un apéndice dirá que es él y su apéndice. Pero si lo haces (en caso de que se pueda) con su cabeza… ¿qué diría? Soy yo y mi cabeza o soy yo y mi cuerpo…” Por tanto cabe preguntarse qué parte de nosotros configura nuestro yo, una neurona, dos, el cerebro, el cuerpo o tal vez el cuerpo social externo al que pertenecemos.

 Sea lo que sea, parece claro que necesitamos algún elemento que nos autoidentifique. Podría ser la piel que habitamos, lo que convertiría a las personas adictas a las operaciones de estéticas en auténticos vagamundos de la psique del ego, incapaces de encontrar la agradable satisfacción que produce la identificación yoística.

 Se podría llegar a pensar así que nuestro aspecto, nuestra imagen es la que nos identifica. Pero en ese caso ¿qué hacían antes del siglo XIX? Al parecer fue en esa época cuando el espejo se empezó a convertir en un objeto cotidiano y cada casa empezaba a tener el suyo. Como decía, antes de esa época tendrían alguna forma de autoidentificación, pese a que el yo psíquico tal vez ni existía. Tal vez habría que remontarse a los inicios de lo que hoy somos para saber cuando se nos dio identidad.

 Supongo que la identidad nace (que tal vez se le puede llamar hoy día como ser en) junto con la sociedad que te la da y reconoce. En la oscuridad de las cavernas la gente era lo que veía, es decir sus semejantes. Puede ser incluso que esa imagen extraña que se refleja en el agua no fuese más que una superstición de la que no se podía ni hablar. Por lo que consecuentemente puedo escribir que nosotros nos identificamos con aquella sociedad, o parte de ella, que nos acepta y en la que queremos ser aceptados.

 La ventaja que tenemos hoy día en la sociedad occidentalizada que camina hacia el pensar unidimensional y hacía el ser único del juvenil espectáculo sexualizado, es que lo que nos falta o sobra nos lo podemos poner o quitar al antojo de nuestra capacidad crediticia económica o intelectual. Así nos ponemos el pelo de mil colores y formas, nariz por aquí, pechos y glúteos por allá, modelitos de tanto o tan poco. Lo que sea necesario y esté a nuestro alcance real o ficticio para poder sentirnos identificados y así estar en posesión de un yo. Cada día más los expertos en las materias correspondientes a la apariencia y la psique recomiendan como más saludable vagar por los distintos modelos sociales, antes que vagar por tu mente (no vaya a ser que un día te encuentres y te pongas contestón/a).

 A nadie se le escapa que nuestro rostro es la parte de nuestro cuerpo con la que más fácilmente nos resulta autoidentificarnos, está hecho para ser visto por los demás. Así nuestra naturaleza, cociente de su rostro para los otros lo ha dotado de la capacidad de la expresividad como en ninguna otra especie.

 Lo que cuesta más trabajo de explicar es saber cómo se ha pasado de la autorreflexión de la psique por aceptación del grupo a la autorreflexión del espejo de la sociedad hedonista de hoy, que busca un yo en una superficie que le debe devolver la imagen de lo que ve fuera del mismo. Y para enredar aún más el asunto el siglo XXI tenía reservado una vuelta más de tuerca a este laberinto, la cámara de fotos digital, artilugio en el que se busca de forma incansable el autorretrato (antes era óptica por un lado, pantalla plasmática por otro; después pequeño espejito junto a la óptica por un lado y pantalla de plasma por otro; ahora se han quitado de encima cargas morales y ponen una pantalla por cada lado de la cámara, para que así te veas bien) y su visionado instantáneo para así poder hacer una segunda toma con las correcciones oportunas del momento.

 Somos tan simples que hemos roto de forma ilusoria el vínculo real de nuestro yo otorgado, dado, regalado o elaborado a través de pensar en nuestro ser en, por otro que nos es dado por nuestra imagen que nosotros mismos como emisor-receptor nos damos en una dualidad singular, un cambio de autorreflexiones en el que hemos salido perdiendo como individuos pensantes. Ya que de esta forma nos damos una falsa apariencia de subjetividad que para la sociedad del yo se hace más llevadera, o al menos es más fácil de conseguir, que aquella que te otorga el resto y para la que te educan, visten, gesticulas, ¿piensas?, hablas, te mueves y que a fin de cuentas con sólo pensarlo resulta insoportable.

 Aunque en estos dos últimos párrafos he intentado aclarar lo que la mayoría de la gente cree que es, a decir verdad nosotros somos, aunque no lo creamos, solamente un reflejo social, ya que nos miramos en lo que nos rodea y rodeamos a quienes se miran en nosotros, por lo que uno mismo no es nadie sin los demás. Aquí cabe lo que dijo el filósofo Heiddeger, sí el nazi: “… cada uno es el otro y ninguno él mismo…”.

 Todo este embrollo me suena a eso de “yo soy yo y mis circunstancias” una frase que viaja entre lo enigmático y lo bucleico por su redundancia. Ya que si yo soy yo y mis circunstancias, pero resulta que mis circunstancias me van configurando desde que somos concebidos hasta que morimos ¿Se podría decir que yo soy mis circunstancias? Para quien escribe esto solamente soy una construcción (algo en lo que me extenderé en otro post) de todo aquello que me rodea y se rige por el mero azar, por lo que el yo de la psique no existe y solamente debe ser tratado como una parte más de nuestro lenguaje oral y escrito.

 Para que nadie me acuse de hereje y apóstata decir que la otra gran teoría sobre como nos identificamos con nuestro yo, es la teoría egocéntrica o antropocéntrica. Ésta dice que no soy más que una insuflación de aire que le dio un día un artesano a una de sus figuritas de barro (si en la época en que se desarrolló esta teoría hubiesen existido los Macintosh me gustaría imaginar quien seria dios y con que me hizo) y que por conclusión todo lo que soy se lo debo a él, que me otorgó el don de ser el centro de todo cuanto se concibe. Además tuvo la finura de hacerme a su imagen y semejanza, y que las reglas del juego son fidelidad y tanto actuar como acatar sus normas soberanas, de no hacerlo así te quita la inspiración divina que te trajo a la vida y fallecerás tras dicha expiración. Si te preguntas por cómo sabrás bien las normas, que sepas que hay un montón de señores y señoritas dispuestos a enseñártelas y que este no es lugar para eso ( que bastante largo me está quedando el post).

 Pero lo peor de todo es que esta última y revolucionaria teoría que nos ha manejado durante los últimos milenios llega a la misma conclusión que todo el embrollo anterior y no es otra que yo, ahora mismo yo, soy mis circunstancias. Sólo que estas circunstancias las dictó el divino artesano y las transcribieron tal cual unas personas que junto con sus acólitos y máximos representantes son poseedores, o al menos eso se creen, de la verdad misma del yo divino y humano, lo cual lo reconozcas o no, da mucho poder.

 Para concluir esta amalgama de exabruptos y en un intento de resumen pondré un ejercicio didáctico para que cada cual se caliente su mollera. Se trata de ver una película “Lars y una chica de verdad” en la que por razones que mejor no desvelar se le otorga a una muñeca hinchable, sí de esas espatarradas y con la boca que parece que va a hacer una O con el humo del cigarro, como decía se le da identidad, un yo pero sin la capacidad del yo (ya que una muñeca no da para tanto) pero aún así tiene un yo como el de cualquier otra persona del pueblo. Por lo que no cabe otra reflexión y que sirva de síntesis: el yo no existe, solamente hay un TÚ.

 PD: Si alguien ha leído esto entero: felicidades, aún puedes salvarte. Pero si está de acuerdo con lo escrito: lo siento, tienes un problema.

“yo soy el que sucumbirá ante mi muerte”

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Ya falta menos para que acabe esta pesadilla.

Inherente, natural, higiénico, placentero, laboral, sufrido, gozoso, sexual. Te hace sudar, se pega la ropa, se moja la piel, se humedece la cama o el sofá. Puede ser asfixiante, pegajoso, seco e incluso abrasador, en julio y agosto se sufre todo el día, todos los días.

Eres capaz de contar minutos y segundos desconocidos para ti en la madrugada, así se llega al estado permanente del verano: el standby. Siempre cansad@, con somnolencia, agotado pero sin poder desconectar del todo en ningún momento, teniendo que ver como pasa un lejano presente día tras día, apoyándose en ti para no desbarrar, mientra tú te undes en tu sila, sillón,, butaca, teclado, libro, toalla, asiento. Se cierran los párpados, pero no desconectas, porque lo ves.

Imaginas un pollo jadeando, un perro jadeando, el mar, el hielo, el desierto, ese extraño reflejo en el asfalto. Todo seco menos tu piel, menos su piel. Deslizas una mano por el muslo, notas su piel friccionando contra la tuya, notas una ingle sudada, húmeda, piensas que ese debe ser el punto más caliente de la casa, otra vez el pollo jadeando, le faltan muchas plumas, solamente conserva las del lomo, cerca algunas incipientes se intentan abrir paso entre la piel que anteriormente había sido su punto de anclaje al cuerpo, tras eso el resto es piel, de gallina gracias a un ventilador. Besas el pollo, notas su pequeña lengua, la acaricias con la punta de tu lengua.

Cuando todo termina, termina, incluso antes de terminar, un segundo antes de terminar ha desaparecido el punto, ha desaparecido todo, incluso el calor, incluso tu pensamiento, para así una vez terminado volver al estado previo. Tu punto rojo se hace cada vez más grande, te deja sin aliento, te hace desvanecer, sobra ropa, la carne se tuesta al fuego que ilumina el tiempo.

Así te recuerda que no tienes derecho a nada, ni tan siquiera al descanso. Para cuando la luz y el ruido se hacen realmente insoportables, todo pasa, se templa, se enfria, tal vez estes muerto o tal vez sea esto lo que realmente se puede llamar vida.

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