“El insomnio de una noche de verano: Metamorfosis” II parte.

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(Viene de la I parte que es el post que hay a continuación,)

 

 La luz era en esa época del año atractora de pequeños insectos alados de malos hábitos nocturnos, ese pensamiento le hizo que sus dos enfoques fueran a parar al mismo sitio: la luz. Su apetito le impulsó a levantarse pero su ritmo era lento, pausado, interrumpido por chispazos de cordura que le preguntaban porqué esos asquerosos bichos abrian en él el anhelo de un apetitoso manjar. Puso los pies en el suelo y al notar la aliviadora sensación de la temperatura de las losas, miró hacia abajo y contempló con gran asombro como sus pies se habían transformado en los mismos perfectos asidores que colgaban de sus huesudos brazos, además vió como su cuerpo estaba totalmente blanco, tan blanco como la sábana ajustable de su cama y sus pies pasaban paulatinamente del blanco al color del rojo mármol con vetas negras que componían el suelo de toda la casa. Quería buscar una explicación a todo este horror pero su ansia por comer se lo impedía y le hacia avanzar hacia la ventana. Al llegar a su altura, descorrió la corina y allí estaban, no eran más que un puñado de polillas y mosquitos estrellándose contra la mampara de plástico que protege la bombilla del farol de su entorno exterior. Un fugaz relámpago neuronal le trajo a la mente a miles de personas frente a ventanillas en bancos, ventanillas en edificios gubernamentales, pantallas digitales, parapetos de antidisturbios… pero no podía retener esos pensamientos, fantasmagóricas metáforas de la dicotomía entre naturaleza y progreso como la que tenía delante de él, que  venian tan rápido como se fugaban. Ahora todo daba igual aquella imagen que presenciaba en ese momento era para él como si en otro tiempo, que le parecia tan lejano que era casi irreal, hubiese visto saltar la grasa derretida de un filete al calentarse con el ardor del fondo de la sartén, aunque ahora ese pensamiento le daba naúseas y rápidamente volvió a concentrarse en su insomne cena.

 

     No separaba la vista de los puntitos brillantes que revoloteaban de forma nerviosa en el aire denso, apoyó las manos en el marco de aluminio de la ventana, sacó la cabeza al exterior y algo empezó a moverse en el interior de su boca. Una gran masa musculada queria abrirse paso, entreabrió su mandíbula y una lengua larga y pegajosa comenzó a deslizarse por sus labios despacio, hasta que estuvo seguro de no errar en el disparo y ¡zas! como el percutor de un arma se disparó a una velocidad tal que al dar con la parte superior de la farola, hizo que ésta se desprendiese del poste, pero en vez de caer al suelo quedó literalmente pegada a su lengua. Tras acabar ese primer impulso de la inercia del golpe, empezó a retroceder a la par que su lengua comenzaba el camino de vuelta a su interior, viendo así de forma irremisible como aquel cacharro se arrastraba, remontando altura, por la fachada del edificio y acabaría impactando en su cara. Dió un paso atrás y justo delante de sus narices, el ancla antes iluminada reventó contra la ventana y la parte de muro que la sostenia, dejando entrever las pestañas de hierro que sostienen ésta a éste. El tamaño y la posición que traía el farol impedió que llegase a entrar, despegandose de forma brusca y dolorosa de su lengua.

 

    Cayó de espaldas en la cama presa de una pánico atroz, el sudor se había vuelto frío, se encontraba totalmente paralizado, seguro de que el ruido del impacto habia despertado a medio vecindario. Quedó un momento quieto, callado, intentando contener su agitada respiración, esperando la reacción de la gente y tal reacción fue absolutamente inexistente, tal vez acostumbrados como estaban a que en la zona se podía oir a acualquier hora del día cualquier tipo de ruido.

 

    Fuera, en ausencia de luz artificial, la luz natural se iba haciendo cada vez más palpable y se percató de que el alba estaba comenzando a despuntar, intentó relajarse, pensar en su nueva situación, qué haria, cómo viviria, cómo lo explicaría, tal vez lo cogerían para experimentar con él como bicho raro que era, pensaría la gente que es un extraterrestre, le harían biopsias, vivisecciones… no, lo mejor sería el suicidio, inútil hacer explicar a quienes no entienden. Sonó el despertador, no lo esperaba así que el susto fue tal que podía notar en su interior los golpes de tambor que daba su presión sanguinea, hora de ir al trabajo, no podía ser cierto. ¿Cómo iba a ir a ningún sitio así? Pensó que tal vez la cara no le hubiese cambiado y podría vestirse de forma tal que le permitiese pasar algo de tiempo hasta que decidiese que hacer con su nueva situación, aunque sería bastante cantoso para la época del año. Reflexionando recordo la chilaba que tenía en algún cajón de su viaje por el norte de África, la buscó de forma desesperada vaciando directamente el contenido de los cajones sobre la cama, en el tercero fue donde la encontró. Decidió probarsela a ver que tal, el único espejo de la casa era el del baño, así que se dirigió hacia allí, encendió la luz, se  giró frente al espejo y pudo ver su cara de asombró al contemplar que su rostro era el mismo de siempre y su cuello, pero también sus manos y el resto del cuerpo.

 

    Fue a su habitación, se asomó a la ventana y allí estaba la farola tan sucia e intacta como siempre, se sentó en la cama a intentar asimilar que todo había sido producto de su imaginación, como un trampantojo producido por el insomnio de una noche de verano. Se dio cuenta de que la vida seguía exactamente igual un pensamiento que por imposible que parezca no le consoló.

 

                           FIN

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