Rezando a dios III

El texto es la continuación de la 2ª parte.

 

Marcos se quedó en slips, la camiseta ya había desaparecido durante la fiesta que hubo tras la cena. Se dirigió a la cocina a ver si veía algún trozo de pizza que hubiese sobrado. Vio algunas porciones variadas sobre un plato, estaban heladas, así que sin dejar de contornearse al ritmo de la música las metió en el microondas y mientras veía el plato dar vueltas en el interior iluminado, le preguntó a Maira con un grito si le apetecía comer algo.

-Sí- respondió ella en un susurro.

El improvisado cocinero, paradigma del chef del siglo XXI, se dio la vuelta y allí tras él estaba ella, desnuda otra vez, incapaz de contener la excitación que hinchaba sus senos, erizaba sus pezones y ponía a flor de piel toda la sensibilidad de su cuerpo hiper-erogenado.  Él comenzó a murmurarle al oído todo lo que pensaba hacerle, entremezclado con frases de penitencia católica, acompañadas por suaves caricias de su nariz por el lóbulo de ella. Todo ello con ese acento del sur que tanto lo caracterizaba y que tan irresistible le volvía en esa estrecha distancia.

La campana del microondas sonó, fue como la señal que se emite en tantos deportes para cuadrar el comienzo de un acto que justo nada más notar la señal acústica se vuelve frenético, convulso y tan intenso que la mitad de la adrenalina a consumir durante todo el acto se quema en esos pocos segundos iniciáticos, eran dos purasangre a los que se les acababa de abrir el cajón que los retenía, los primeros instantes del siguiente acto sexual fueron, sin duda, los más salvajes de la noche.

Marcos empezó a arrastrar sus carnosos labios por todo el cuerpo de ella había besos, lametones, mordiscos… todo dependía de la parte del cuerpo por la que pasaba, oreja, cuello, boca, pezón, ombligo, pubis, muslo… ya de rodillas él y aún en pie ella, una rápida media vuela inducida por un firme gesto de Marcos. Conforme comenzaba a repartir suaves besos por las generosas y prietas nalgas de la fémina entrelazados por las más sutiles caricias de sus labios que ofrecian un minucioso recuento del imperceptible vello, empezó a deslizar su mano izquierda por la espalda hasta llegar a ese punto de nuestro cuerpo que es el centro de lo que se llama de forma figurativa cruz, que no es otra cosa que ese sensual y sensible espacio que hay entre los dos omoplatos. Con un sutil pero decidido gesto la invitó a que doblase su cuerpo hasta apoyar los brazos en la cocina. Mientras Maira bajaba la tapa que guarda los infiernillos para descansar sobre ella, empezó a notar como se le erizaba todo el cuerpo al contacto de la lengua de su amante con su ano, para iniciar así un recorrido por sus genitales y enredarse en su clitoris, jamás había tenido la sensación de poder correrse con sólo unos segundos de contacto,notaba como le empezaban a fallar las rodillas, no sabía que le pasaría si se iba a correr o directamente se desvanecería. Al notar esto, Marcos paró incorporándose mientras subía por el cuerpo de ella, tras ponerla de frente, una húmeda lengua que no dejaba ningún excitado recoveco por recorrer en muestra de agradecimiento por tan grande disposición y aunque ella no lo percibió, se encontraba sentada sobre la chapa que cubría la cocina con los talones apoyados sobre el culo de él y las manos en la encimera, fabricada en piedra de color rojo. Salió rápida de ese estado de trance al notar la primera embestida de Marcos, tan fuerte como contenida aunque esto último no impidió que ella diese un grito de ahogado dolor placentero.

 

Placer que llegó a su climax con la rapidez de quien poseída por la química de la excitación ha sido sobreexcitada y con la sensación experimentada anteriormente y que aún mantenía palpitante su clitoris, hinchado y sensible hasta extremos no conocidos por la forzada sobriedad con que ella solía manejar esas situaciones. Solo hizo falta notar la herida de la carnosa daga, el masculino aliento en sus pechos, para dar rienda suelta a sus impulsos, el orgasmo fue tan brutal que para poder mantener la postura y que no le flaqueasen los brazos se tuvo que sujetar fuertemente a él y este respondió con otro abrazo. Una vez terminada la intensidad orgásmica, él con cara de orgullosa satisfacción casi vengativa besó sus senos mientras notaba como una mano se deslizaba bajo su tiesa verga y acariciaba su bolsa escrotal, mermada por la aportación de piel que requería el alargamiento y endurecimiento de su polla.

 

Así Maira le susurró que se pusiera donde ella estaba, el lo hizo y pronto empezó a notar la fuerza succionadora de su húmeda y caliente boca. Lentamente dejó que sus labios masajearan de forma sensual su glande. Tampoco se hizo de rogar el orgasmo, empezó a gemir con notoriedad como avisándola de la pronta avenida del amargo líquido eyaculado. Ella, lejos de retraer la fuerte excitación del momento,  metió un dedo en su coño y una vez húmedo le hizo un masaje anal que provocó que el estallido de placer se multiplicase exponencialmente. Así conforme notaba el ardiente y espeso líquido en la boca fue aminorando el ritmo de sus masajes a la vez que dejaba escapar el semen por las comisuras de sus labios.

Tras la escena, una mirada de complicidad y se dirigieron a la ducha, deshaciéndose mutuamente de los flujos propios y ajenos.

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