Rezando a Dios II

(Este texto es la continuación de la primera parte que está más abajo)

Dejaron a los Doors con los primeros acordes del riders on the storm y entraron en el baño, no echaron el pestillo ya que perfectamente sabían todos los asistentes quien esnifaba y como les gustaba hacerlo por parejas o tríos, y es que tras adquirir desde el comienzo de cualquier actividad un hábito, éste se convierte en parte imprescindible del ritual.

Marcos bajó las tapas del váter y se sentó observando a Maira, mientras ella empezaba a trabajar el áspero polvo blanco. ¿Tienes algún billete a mano para el canuto? preguntó Maira; no -contestó Marcos-; me imaginaba, ¿para qué va a llevar un gorrón dinero encima? de verdad que menudo parásito que estas hecho; Empezó a rebuscar en su bolso, sacó el monerdero y este derramó algo de dinero en monedas por el suelo. Joder ¿dónde se han metido los dos pavos que se han caido? -preguntó Maira retóricamente-; creo que han ido a parar debajo del toallero -se apresuró a contestar Marcos sin hacer un sólo amago de ir a recogerlos-.

Ante la pasividad del insurrecto que por su actitud mas bien debería estar dentro del inodoro y no encima, Maira se puso de rodillas a buscar el dinero y como no sabía dejar escapar una buena ocasión, buscaba de paso algo de complicidad en Marcos. Éste desde su privilegiada tribuna pudo ver como su corto y ceñido vestido negro de licra, no llegaba a tapar la parte más interesante de su partenaire.  El corazón se le puso a más de cien r.p.m. al ver que por un olvido premeditado, la chica que le iba a invitar a una rayas en el cuarto de baño, se había dejado las bragas en casa. O tal vez ese enorme y rasurado chumino se las había tragado nada más montarse en el coche para ir a la fiesta. Pudo observar, para perjuicio de su estado fisiológico, unos protuberantes labios externos que sin embargo no eran lo suficientemente grandes como para contener los internos, no podía ni quería disimular su excitación. Se acercó a Maira y comprobó con una suave caricia del envés de su mano su estado de ánimo.

Lejos de responder con sobresalto, ella sólo emitió un apagado gemido. Él siguió acariciando su generoso sexo y así pudo comprobar que su saliva sería innecesaria, estaba bastante claro que si algo ponia cachonda a Maira era discutir con Marcos. Se bajó los pantalones, terminó de subir el apretado vestido y empezó a acariciar el clitoris con su glande, una vez se aseguró de haberla puesto cachonda y estar bien lubricados, la penetró con suavidad. Ella respondió levantado la cabeza y arqueando hacia abajo su espalda, lo que ofrecía con mayor facilidad la penetración, miró a Marcos con cara de perverso placer. Él, lejos de poder soportar la lascivia de la chica con el cuerpo más imponente que había disfrutado jamás, la cogió del pelo y tiró hacia atrás, unos segundos más de miradas de animal poseido por la sensualidad y la eyaculación no haría esperar. El único ruido que emitían este par de animales en celo era el sonido de sus carnes sudorosas en breves pero intensos encontronazos y algún gemido escondido. Mientras, a través de los muros, Morrison deslizaba el estribillo más oportuno… vamos nena enciende mi fuego…

Sin acercamientos previos, sin caricias, ni besos, ni palabras de cariño. Todo carnal, puro sexo sin artificios, no eran necesarios, eran animales y como tales tardaron poco en dar por finalizada la salvaje escena.

Tras recuperar algo el aliento, ella se fue a asearse, le desagradaba tener algo de ese gilipollas en su ser. Él empezó a sentirse culpable y asqueado, no se tragaban pero ejercían una atracción recíproca brutal, la de dos almas gemelas. Además, a ambos se les pasó por la cabeza la perfecta idea etimológica trivalente que suponía hacer lo que habían hecho, pero les faltaba la  excusatoria parte, así que  sin ceremonias yonkis, se pusieron a la tercera parte del verbo y se metieron raya y media cada uno, ahora sí que habían hechado el polvo perfecto. Se atusaron y salieron fuera, ya sonaba people are strange, todos estaban de pie recogiendo. Cuando los vieron salir, Paul les dijo con tono de sorna:

Vosotros sois increibles, os peleáis con las palabras y os reconciliáis a tiros, vais un poco al revés del mundo. Supongo que esa condición os impedirá venir a daros una vuelta por los alrededores de la casa; cierto- parecieron decir ambos con su gesto.

Para cuando todos salieron, the end empezaba a sonar, Marcos le dió volumen y los grandes altavoces empezarón a tronar las locas frases de Morrison. El speed hacía efecto y se hecharon un par de chorros de tequila y la sensualidad se empezó a condensar de nuevo, sin pretenderlo ni advertirlo, dentro de la casa, formando gotas de sudor en la piel de ambos, un tesoro demasiado preciado como para dejarlo escapar.

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