VERGÜENZA PÚBICA

Expropiación del Estado como ente, como ese Leviatán habitado por todos fue el primer paso para despolitizarnos públicamente, se nos dice que no intervengamos, que es cosa de mayores, así no somos más que niños sin poder decir en casa más que sí papá, sí mamá. El siguiente ha sido la expropiación del espacio público, ante cualquier intento de reapropiación es respondido finalmente con violencia, obviando los pasos intermedios, que para ellos es el “… largaos de aquí..”, la excusa para la expulsión del paraiso es el entorpecimiento de la vida cotidiana, de la vida zombi de los pies del ciempiés.

Vivimos en la punta de la flecha del espacio-tiempo, avanzadilla del estaremos allá, pero el anacronismo político en el que vivimos nos hace que nos mantengamos siempre sin ni tan siquiera salir de la aljaba.

Lo público, tanto el ente como el espacio, se ha visto cada vez más invadido por lo privado. En nuestro día a día seguimos las normas y dictados de gente que trabaja para sus propios intereses, siendo hoy día más evidente con el asentamiento de la banca y ejecutivos de empresas transnacionales en las poltronas estatales y supraestatales.

En nuestra espaciedad vemos con perplejidad lo que ya no se ve. Difícil ver un paisaje urbano sin tener que adivinarlo entre vallas de publicidad de cinco metros, ya no hay horizonte exo-endoespacial, no hay esperanza, estamos anclados a sus marquesinas. Cada renovación del espacio público acentúa aún más esta premisa, ya que fuera de los jardines resulta realmente difícil encontrar un lugar para sentarte, sea un banco de diseño o en una escultura hecha para su disfrute-admiración-descanso. Encontrar un lugar a la sombra para tu alivio mientras contemplas un gran monumento, edificio o avenida es sencillamente imposible en la mayoría de las ciudades (excepciones hay como León y su catedral).

Está claro que el espacio público donde puedes realizarte ha quedado reducido al jardín, llevándonos así a nuestra más tierna infancia o no sacándonos de ella nunca. Así la cara visible del estado en forma de políticos y su interior pensante en forma de poderes fácticos se encargan de retrotraernos a ese lugar en el que se nos encerraba en una especie de colchoneta con mallas de rejilla por paredes para poder estar siempre vigilados por el familiar-tutor-cuidador de turno y entretenidos con media docena de juguetes básicos. Ese lugar que llamamos parque coincide semánticamente con nuestros parques-jardines, pero ademas de la afinidad semántica hay un claro parecido adoctrinador. Ambos son lugares confinados de recreo donde estás siempre vigilado y donde solamente puedes beber de la fuente materna o de algo autorizado por la misma.

Como desdichado contrapunto, si estás dispuesto a vaciar parte o la totalidad del contenido monetario de tu bolsillo, tienes una amplia oferta de lugares para el reposo y esparcimiento. Encontrarás sombras y no sombrillas en verano y estufas en invierno. Llegando a implantarse últimamente vaporizadores de agua (sobre todo en el sur) que junto al constante abastecimiento de bebida y comida dan la sensación de hallarte en un Edén del que sales repentinamente al darte la persona que te ha servido la cuenta.

Esas terrazas que han crecido como los champiñones tras la implantación de la ley antitabaco no es gratuita, ya que a sus dueños les sale por un  pico en forma de pago a los ayuntamientos, pero tampoco hay que olvidar que el fin de las mismas no es filantrópico sino lucrativo. En ellas no se hace nada del otro mundo que no sea comer o beber, además de charlar, fumar, observar o descansar. La idiosincrasia del asunto llega cuando a ti, mísero ciudadano, se te ocurre hacer lo mismo pero fuera de ellas, antes de que llegues a la mitad del litro de cerveza que te estás tomando un agente de la ley procederá de forma amable, siempre que le sigas la corriente al pie de la letra, a identificarte y disuadirte de lo que estás haciendo, cuando no te caiga una buena multa, y todo esto a escasos metros de esas terrazas donde no hacen otra cosa distinta a la tuya. La excusa es que lo vas a dejar todo perdido, cuando si tienes una papelera cerca lo más natural es que acabe en ella y si no lo puede limpiar la misma máquina que se encarga de limpiar el espacio que han ocupado las terrazas, algunas zonas quedan que parecen el lunes de un festival, una vez recogidas la mismas. Queda así claro que los espacios públicos usados para refrescar el gaznate o para amenizar un encuentro o conversación con algo de alcohol, solamente pueden ser usados por quienes estén dispuest@s a gastarse su dinero en una terraza o multa.

Imagino que esto no está en consonancia con el párrafo de la constitución que diga que todos los ciudadanos tienen los mismos derechos y libertades -en los espacios públicos-, creo que la van a volver a cambiar para añadir que esos derechos y libertades van en relación directa proporcional con el dinero que tengas en buena disposición gastarte.

Así va desde esta modesta tribuna mi apoyo al movimiento del 15 de Mayo por el intento de reapropiación de lo público político-espacial. Solo añadir que quienes se quejaron del entorpecimiento para sus negocios de dicho movimiento que revisen bien las cuentas de sus libros mayores y analicen quien les ha hecho perder más dinero, si una ocupación pública temporal de un movimiento en pos de los derechos de todos o una crisis que dura años y que no hemos provocado los miles de millones de ciudadanos desposeidos, sino aquellos que se encargan de enriquecerse a costa de dejar tras de sí panoramas realmente aPOcaLIpTICOS.

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