SOMOS UN REFLEJO, UNA ILUSIÓN.

 

Fulano de tal, mengana de cual, personas o seres humanos, primates, mamíferos, vertebrados, seres vivos o la caótica organización de millones de átomos que viven entre miles de millones de átomos, que se encuentran rodeados por miles de billones de átomos. Tendiendo así a estar todo y todos en permanente conexión y contacto con el infinito (si es que existe).

 ¿Qué somos? ¿Qué nos da identidad? ¿Será nuestro famoso yo? ¿Existe la neurona o grupo de neuronas yo? Conozco aquello que vi en una peli de Roman Polanski y que le decía él mismo –como protagonista- a alguien en un café: “… si a una persona le quitas una pierna y se la dejas en un tarro de formol dirá que él es él y su pierna. Si lo haces con un brazo dirá que es él y su brazo. Si lo haces con un apéndice dirá que es él y su apéndice. Pero si lo haces (en caso de que se pueda) con su cabeza… ¿qué diría? Soy yo y mi cabeza o soy yo y mi cuerpo…” Por tanto cabe preguntarse qué parte de nosotros configura nuestro yo, una neurona, dos, el cerebro, el cuerpo o tal vez el cuerpo social externo al que pertenecemos.

 Sea lo que sea, parece claro que necesitamos algún elemento que nos autoidentifique. Podría ser la piel que habitamos, lo que convertiría a las personas adictas a las operaciones de estéticas en auténticos vagamundos de la psique del ego, incapaces de encontrar la agradable satisfacción que produce la identificación yoística.

 Se podría llegar a pensar así que nuestro aspecto, nuestra imagen es la que nos identifica. Pero en ese caso ¿qué hacían antes del siglo XIX? Al parecer fue en esa época cuando el espejo se empezó a convertir en un objeto cotidiano y cada casa empezaba a tener el suyo. Como decía, antes de esa época tendrían alguna forma de autoidentificación, pese a que el yo psíquico tal vez ni existía. Tal vez habría que remontarse a los inicios de lo que hoy somos para saber cuando se nos dio identidad.

 Supongo que la identidad nace (que tal vez se le puede llamar hoy día como ser en) junto con la sociedad que te la da y reconoce. En la oscuridad de las cavernas la gente era lo que veía, es decir sus semejantes. Puede ser incluso que esa imagen extraña que se refleja en el agua no fuese más que una superstición de la que no se podía ni hablar. Por lo que consecuentemente puedo escribir que nosotros nos identificamos con aquella sociedad, o parte de ella, que nos acepta y en la que queremos ser aceptados.

 La ventaja que tenemos hoy día en la sociedad occidentalizada que camina hacia el pensar unidimensional y hacía el ser único del juvenil espectáculo sexualizado, es que lo que nos falta o sobra nos lo podemos poner o quitar al antojo de nuestra capacidad crediticia económica o intelectual. Así nos ponemos el pelo de mil colores y formas, nariz por aquí, pechos y glúteos por allá, modelitos de tanto o tan poco. Lo que sea necesario y esté a nuestro alcance real o ficticio para poder sentirnos identificados y así estar en posesión de un yo. Cada día más los expertos en las materias correspondientes a la apariencia y la psique recomiendan como más saludable vagar por los distintos modelos sociales, antes que vagar por tu mente (no vaya a ser que un día te encuentres y te pongas contestón/a).

 A nadie se le escapa que nuestro rostro es la parte de nuestro cuerpo con la que más fácilmente nos resulta autoidentificarnos, está hecho para ser visto por los demás. Así nuestra naturaleza, cociente de su rostro para los otros lo ha dotado de la capacidad de la expresividad como en ninguna otra especie.

 Lo que cuesta más trabajo de explicar es saber cómo se ha pasado de la autorreflexión de la psique por aceptación del grupo a la autorreflexión del espejo de la sociedad hedonista de hoy, que busca un yo en una superficie que le debe devolver la imagen de lo que ve fuera del mismo. Y para enredar aún más el asunto el siglo XXI tenía reservado una vuelta más de tuerca a este laberinto, la cámara de fotos digital, artilugio en el que se busca de forma incansable el autorretrato (antes era óptica por un lado, pantalla plasmática por otro; después pequeño espejito junto a la óptica por un lado y pantalla de plasma por otro; ahora se han quitado de encima cargas morales y ponen una pantalla por cada lado de la cámara, para que así te veas bien) y su visionado instantáneo para así poder hacer una segunda toma con las correcciones oportunas del momento.

 Somos tan simples que hemos roto de forma ilusoria el vínculo real de nuestro yo otorgado, dado, regalado o elaborado a través de pensar en nuestro ser en, por otro que nos es dado por nuestra imagen que nosotros mismos como emisor-receptor nos damos en una dualidad singular, un cambio de autorreflexiones en el que hemos salido perdiendo como individuos pensantes. Ya que de esta forma nos damos una falsa apariencia de subjetividad que para la sociedad del yo se hace más llevadera, o al menos es más fácil de conseguir, que aquella que te otorga el resto y para la que te educan, visten, gesticulas, ¿piensas?, hablas, te mueves y que a fin de cuentas con sólo pensarlo resulta insoportable.

 Aunque en estos dos últimos párrafos he intentado aclarar lo que la mayoría de la gente cree que es, a decir verdad nosotros somos, aunque no lo creamos, solamente un reflejo social, ya que nos miramos en lo que nos rodea y rodeamos a quienes se miran en nosotros, por lo que uno mismo no es nadie sin los demás. Aquí cabe lo que dijo el filósofo Heiddeger, sí el nazi: “… cada uno es el otro y ninguno él mismo…”.

 Todo este embrollo me suena a eso de “yo soy yo y mis circunstancias” una frase que viaja entre lo enigmático y lo bucleico por su redundancia. Ya que si yo soy yo y mis circunstancias, pero resulta que mis circunstancias me van configurando desde que somos concebidos hasta que morimos ¿Se podría decir que yo soy mis circunstancias? Para quien escribe esto solamente soy una construcción (algo en lo que me extenderé en otro post) de todo aquello que me rodea y se rige por el mero azar, por lo que el yo de la psique no existe y solamente debe ser tratado como una parte más de nuestro lenguaje oral y escrito.

 Para que nadie me acuse de hereje y apóstata decir que la otra gran teoría sobre como nos identificamos con nuestro yo, es la teoría egocéntrica o antropocéntrica. Ésta dice que no soy más que una insuflación de aire que le dio un día un artesano a una de sus figuritas de barro (si en la época en que se desarrolló esta teoría hubiesen existido los Macintosh me gustaría imaginar quien seria dios y con que me hizo) y que por conclusión todo lo que soy se lo debo a él, que me otorgó el don de ser el centro de todo cuanto se concibe. Además tuvo la finura de hacerme a su imagen y semejanza, y que las reglas del juego son fidelidad y tanto actuar como acatar sus normas soberanas, de no hacerlo así te quita la inspiración divina que te trajo a la vida y fallecerás tras dicha expiración. Si te preguntas por cómo sabrás bien las normas, que sepas que hay un montón de señores y señoritas dispuestos a enseñártelas y que este no es lugar para eso ( que bastante largo me está quedando el post).

 Pero lo peor de todo es que esta última y revolucionaria teoría que nos ha manejado durante los últimos milenios llega a la misma conclusión que todo el embrollo anterior y no es otra que yo, ahora mismo yo, soy mis circunstancias. Sólo que estas circunstancias las dictó el divino artesano y las transcribieron tal cual unas personas que junto con sus acólitos y máximos representantes son poseedores, o al menos eso se creen, de la verdad misma del yo divino y humano, lo cual lo reconozcas o no, da mucho poder.

 Para concluir esta amalgama de exabruptos y en un intento de resumen pondré un ejercicio didáctico para que cada cual se caliente su mollera. Se trata de ver una película “Lars y una chica de verdad” en la que por razones que mejor no desvelar se le otorga a una muñeca hinchable, sí de esas espatarradas y con la boca que parece que va a hacer una O con el humo del cigarro, como decía se le da identidad, un yo pero sin la capacidad del yo (ya que una muñeca no da para tanto) pero aún así tiene un yo como el de cualquier otra persona del pueblo. Por lo que no cabe otra reflexión y que sirva de síntesis: el yo no existe, solamente hay un TÚ.

 PD: Si alguien ha leído esto entero: felicidades, aún puedes salvarte. Pero si está de acuerdo con lo escrito: lo siento, tienes un problema.

“yo soy el que sucumbirá ante mi muerte”

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2 respuestas a SOMOS UN REFLEJO, UNA ILUSIÓN.

  1. migmig dijo:

    Lo he leído enterito, para que veas.

  2. Loles dijo:

    Todas estas dudas son las que me surgieron cuando empecé a cuestionarme (no creas que fue hace mucho) todos los grandes pilares en los que está cimentada la psicología actual (y muchas otras disciplinas). Evidentemente no hay conclusión alguna posible. O eso creo. Y si la hay, me quedan unos cuantos años para encontrarla. Probablemente cree la mía propia. Verás que no se trata de estar de acuerdo.

    PD. Un placer encontrarte 😉

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